HOMO EXTINTOR


Homo Extintor: UNA REFLEXIÓN DESDE LA SEXTA EXTINCIÓN MASIVA DEL HOLOCENO

¿Cuál es el mayor evento natural que está ocurriendo a los seres vivos de la Tierra?

Estamos viviendo una extinción masiva de formas de vida, la primera de su tipo, según las evidencias científicas.

¿Extinción masiva de la vida en el planeta? ¿Está usted seguro?

No tengo duda. Los expertos la llaman “extinción masiva del holoceno” o la “sexta gran extinción”. Holoceno es el nombre de la época geológica presente. Comenzó hace unos 12 mil años, al acabar la última glaciación. Ahora estamos en lo que llaman período interglacial.

¿Así que se trata de la sexta extinción masiva? Entonces… ¿porqué llama a ésta “la primera de su tipo”?

Muy sencillo. Según los estudios científicos las otras cinco han tenido causas de cambio climático: impactos de meteoritos o cometas, vulcanismo extremo, intensa radiación cósmica, por ejemplo. Ésta que vivimos, por primera vez, no se debe a una causa geológica o espacial; una sola especie es la responsable directa e indirecta: la especie humana.

Sabemos lo dañina que es la actividad humana irresponsable con el ambiente, pero de ahí a afirmar que somos la causa de algo tan devastador como el meteorito que mató a los dinosaurios… ¡Es exagerado!

Por desgracia, no lo es; y cito a la Wikipedia: “La actual tasa de extinción es de 100 a 1000 veces el promedio encontrado en la historia natural de la evolución del planeta y en 2007 la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza considera que una especie de ave de cada ocho, una de mamíferos de cada cuatro, una de anfibios de cada tres y el 70% de todas las plantas están en peligro.”1 Los científicos tienen muchos datos al respecto; consultemos con ellos. Usted como cualquiera encontrará excelente información que verifica esta teoría.

¿Se trata de una teoría, nada más?

Sí, aún no es ley biológica; pero lo será. El punto más importante que quiero resaltar es que no se trata sólo de una actividad humana irresponsable; sino de la misma naturaleza de la especie humana.

¡Eso suena grave! Vaya directo al grano.

Hasta ahora, lo que se sabe de nuestra antigüedad como especie, tenemos entre 100 mil y 200 mil años de existir. Durante largo tiempo cohabitamos y competimos con al menos otras tres especies del género Homo (Humano), hasta hace unos 13 mil años cuando se extinguió la última: el Homo floresiensis en la actual Indonesia. A partir de ahí es cuando, al quedarnos solos los Homo sapiens o “Humano que conoce”, mientras las condiciones climáticas del final de un período glacial nos favorecen, iniciamos la extinción masiva y en aumento de otras especies al difundirnos por los continentes y crecer en población. Las evidencias de extinción de megafauna en cada rincón donde llegaron los humanos son poco debatibles.

Especifique el punto de su argumento… ¿debemos entender que está en contra del progreso de la humanidad?

Desde el punto de vista del resto de la vida en la Tierra, hay dos respuestas, un “sí” para el corto plazo, y un “no” para el largo plazo. Quiero proponer un cambio radical en la manera cómo nos definimos a nosotros mismos; yo no estoy de acuerdo en que nuestra especie sea llamada “Homo sapiens” o “Humano capaz de conocer”. La naturaleza de nuestra especie en relación a las otras formas de vida no es esa. Es tiempo de reconocer que en el orden natural somos la primera especie cuyo nombre específico debe ser “extintor”, “Homo extintor”, porque esa es nuestra principal característica: extinguir otras formas de vida.

¿No sería darle demasiado peso a los últimos miles de años, que son apenas un 10% ó hasta un 5% del tiempo de vida de nuestra especie en la Tierra?

Recuerde que, con la evidencia que se tiene hasta ahora, durante el resto de esos otros miles de años también contribuimos a extinguir directa o indirectamente las otras tres especies de Homo en los ambientes que habitamos en común. He dicho antes que habían dos respuestas para estar en contra del progreso de la humanidad…

Explíquenos primero el “sí” del corto plazo.

Si valoro la existencia particular y la biodiversidad en general de la vida en el planeta, me opongo a la extinción de hasta el 50% de las especies en los próximos cien años, pronóstico que aseguran científicos muy entendidos de la materia. Eso es en el corto plazo. Una sola especie no vale más que cientos de miles o hasta millones de ellas. En el largo plazo, no me opongo al progreso de la humanidad, porque confío que esta extinción masiva ya es irreversible y que desencadenará los mismos mecanismos evolutivos que las otras cinco anteriores: las especies sobrevivientes se adaptarán y diversificarán en las cambiantes condiciones del planeta, nuevas especies surgirán de esas adaptaciones y así la biodiversidad, recuperada en unos cuantos millones de años en el futuro, volverá a ser abundante tanto o más que ahora.

¿Usted no es humanista?

No, no lo soy. Considero que somos el producto de la evolución de la vida en la Tierrra, y que nuestra hora final llegará. No somos, en realidad, tan distintos de las otras especies; créame. Toda forma de vida se comporta según el instinto básico de supervivencia. Los seres humanos también. Así como las condiciones materiales llevaron al desarrollo de especies superpredadoras como el Tiranosaurio Rex, con sus potentes mandíbulas y piernas, en nuestra especie evolucionó una adaptación única, un órgano que nos capacita para aventajar a cualquier otra especie: el cerebro hiperdesarrollado.

¿Debo entender que no lo dice como halago?

Tiene razón, no lo digo como halago, sino como un hecho natural nada más. Han existido y existen especies superpredadoras (tiburones, cocodrilos o tigres, por ejemplo), pero una especie extintora… Nosotros somos la primera, hasta donde la evidencia encontrada lo confirma. En el corto plazo de 12 mil años estamos provocando una catástrofe de dimensiones planetarias y de largo alcance. Nosotros, probablemente, desapareceremos en ella también. Ahora miremos hacia el futuro lejano. Si las condiciones se dieron para que surgiera la primera especie extintora, con seguridad éstas volverán a ocurrir y surgirá otra forma de vida capaz de extinguir; quizás aparezca en el orden de los Primates, tal vez en la clase de los Mamíferos. A partir del holoceno, se agrega un factor más a las causas posibles de una extinción masiva de las formas de vida en la Tierra: una sola de ellas.

¿No hay nada que podamos hacer? ¿Tan tarde es ya? ¡Eso es sumamente pesimista!

Desde la comunidad primitiva, cuando éramos cazadores y recolectores nómadas, cada nuevo ambiente que habitamos dejamos un impacto en él y en su equilibrio. Las visiones románticas de las comunidades aborígenes actuales, en armonía con el cosmos y el resto de la vida, son realizables sólo si renunciamos a desarrollar las capacidades que emergieron del cerebro humano; la principal de ellas, acumular y transmitir conocimiento no genético a la próxima generación. La bipedación y el carroñeo favorecieron el desarrollo de la corteza cerebral; la capacidad de abstracción posibilitó la técnica, el arte, la religión y la ciencia. La capacidad de fabricar herramientas y de domesticar especies animales y vegetales dio origen a la propiedad comunal, al asentamiento seminónada, a la competencia por recursos con otras tribus, a la división social del trabajo, a la propiedad privada, a la dominación social, al patriarcado, a las clases sociales, al Estado, a la guerra, al genocidio, al esclavismo, el despotismo comunal, el feudalismo, el capitalismo imperialista, el burocratismo armamentista.

Entonces ¿qué es el humanismo para usted?

Es un concepto que dejé inconcluso hace un rato. Mi hipótesis es que “el humanismo” es la forma ideológica del antropocentrismo. Quiero decir, toda especie lucha por sobrevivir y reproducirse, eso es algo clave de los genes: pervivir. A eso le podemos llamar “especiecentrismo”: cada especie está centrada en subsistir y heredar sus genes a la siguiente generación. Pero ninguna especie está aislada, sino que se alimenta, convive, se asocia, compite o parasita en relación a todas las demás especies del ecosistema donde vive. En este sentido, las hormigas son “hormigocentristas”, las ballenas son “ballenocentristas”, los humanos somos “antropocentristas”. Eso que consideramos bueno y provechoso para nuestra especie, aunque digamos que también beneficia a otras, como es el movimiento conservacionista; eso que nos hace “ser” mejores y que llamamos altruismo o sacrificio por los demás, y que denominados como nuestra “esencia” nombrándolo “humanismo”; en términos prácticos es tan solo la forma idealizada del muy natural antropocentrismo, o nuestra propia forma de seguir vivos con el propósito de perpetuarnos de modo biológico o de modo cultural.

¿Usted tampoco es ecologista?

No, en el sentido convencional. Cuando afirmo que, por ejemplo, el movimiento conservacionista es una actividad antropocéntrica, la crítica no es para el fin que persiguen los conservacionistas, sino a dos condiciones materiales que necesariamente suceden en el proceso: 1) La dependencia antropogénica de las especies protegidas. Confinarlas a sus hábitats, resguardar las fronteras de esos ecosistemas y vigilar las presiones ambientales que les afectan, así como los riesgos contra su supervivencia y reproducción, bajo el modelo conservacionista actual, incrementa la dependencia de estas especies a la tutela humana. 2) Dada la primera condición, insisto -bajo el modelo conservacionista actual- se requiere de tecnología adaptada a las tareas de la conservación, mecanismos de protección y auxilio que deben incluir, en algunos casos, la intervención médica veterinaria o botánica de vanguardia, para salvar los individuos en peligro de morir o de sufrir severas lesiones que los incapacitan para su apropiada reproducción natural. Aunque parezca que estas acciones “transnaturalizantes” evaden la regla de contribuir al proceso de extinción, es necesario preguntarse: ¿cuánto se incrementa la huella ecológica per cápita animal de cada individuo protegido por el ser humano? Es un dilema que para proteger, con toda justicia, a nuestras víctimas, agravemos las condiciones globales para su eventual extinción. Un renovado modelo conservacionista deberá considerar eso, así como los recursos necesarios para la vida de los humanos que participan en los proyectos, insostenibles con los parámetros actuales de bienestar.

Si hasta para reparar en algo el daño ocasionado se continúa participando en la extinción, lo que usted dice es que, en pocas palabras… ¿No hay que cambiar el mundo?

Permítame contestarle con una pregunta: ¿le pediría usted a un asesino en serie que dirigiera un proyecto de atención y ayuda a los familiares de sus propias víctimas?

¡Pero en ese caso hay premeditación y una psicopatía del asesino!

Así es, inteligencia y desequilibrio; cerebro y tecnología destructiva; capacidad de extinguir. Somos un animal desadaptado precisamente por haber desarrollado un órgano hiperadaptativo, hipercreativo, que nos llevó a la cima de todas las redes tróficas y a someter el tejido vivo de intercambio de energía en el Planeta. Somos una débil y exótica especie dominante.

¡Desenrede semejante contradicción! ¿Débil y dominante?

Débil, porque nuestra capacidad transformadora se materializa en una alta y creciente dependencia tecnológica, a medida se avanza en los distintos modos de producción y organización social: del esclavismo al feudalismo, del capitalismo al colectivismo estatal, en cada sociedad dividida en clases sociales la dependencia tecnológica crece en cuanto aumenta el desarrollo de las fuerzas productivas y con ellas la ciencia y la cultura -ésta en sentido estricto-. Permítame proponer un concepto que puede servir como herramienta de análisis de la actividad humana: “la transnaturalización”.

Sí, lo mencionó antes. ¿Se refiere a la transformación de la naturaleza o a su depredación por parte de la humanidad?

Primero aclaro que en un marco general, todo es naturaleza y todo es natural. Lo que sucedió hace un millón de años, lo que somos y vivimos ahora, lo que la Tierra será en 500 millones de años, todo es un proceso natural. Sin embargo, para analizar lo que la actividad humana es como algo único, lo que como especie nos diferencia de las demás, lo que hacemos y que ninguna otra especie ha hecho hasta ahora, y que además tiene como consecuencia contribuir al avance de la sexta extinción masiva, eso es el proceso de transnaturalización. Por ejemplo, la domesticación de plantas y animales, que dio inicio a la revolución agraria en el período neolítico, fue un proceso transnatural. Asimismo el lenguaje fonético, la metalurgia, la teología, la ingeniería genética, la cinematografía. En cambio, la elaboración de herramientas rústicas, que está demostrado es una habilidad también de los chimpancés no es, en este sentido, algo transnatural.

¿Transnatural es, entonces, nuestra capacidad extintora?

Sí, como categoría de análisis de la especie. No, como un proceso que parte de condiciones y fenómenos naturales y que seguirá ciertas rutas evolutivas completamente naturales. Nuestra capacidad de mover montañas, hasta ahora, no es mayor que las fuerzas geológicas que pliegan la corteza terrestre de donde emergen. Los seres humanos somos una fuerza de la naturaleza, como lo son las cianobacterias (organismos unicelulares fotosintéticos), que hace miles de millones de años al emitir oxígeno a la atmósfera generaron las condiciones apropiadas para el desarrollo de otras formas de vida terrestre, incluidos nosotros. Pero esta fuerza natural llamada humanidad evolucionó hasta la deformación que somos ahora: una plaga extintora incontenible a menos que renuncie a su naturaleza superadaptativa e hipertransformadora, lo que significaría nuestra propia extinción como especie.

¿Y toda la ciencia y el conocimiento, los descubrimientos que nos hacen comprender el universo, son inútiles, carecen de valor?

Una especie exintora es una hábil exploradora y una vez que alcanza el estadio de generar excedente de bienes de consumo, herramientas de trabajo o productos de intercambio, se vuelve aún más territorial. La ciencia no persigue fines altruistas, sino pragmáticos. Cada nuevo avance y descubrimiento tiende a reforzar esa conciencia “humanista” de propiedad o de responsabilidad que inicia con una admiración contemplativa hacia lo otro que es nuevo: ya sea una fuente de agua, un continente o una galaxia lejana. En el fondo no somos distintos de un sapo que instintivamente come, salta o hiberna para seguir vivo y reproducirse; pero en nuestro caso, la supervivencia la llevamos al extremo, porque ejercemos un dominio transnaturalizante que responde a nuestra propia hiperplasia neuronal (más red cerebral). Somos una fuerza extintora de la naturaleza, y convertimos esta realidad en falsa ideología al creernos la cúspide creadora, el pináculo evolutivo de la historia del universo. No es de extrañar que hayamos ideado unos modelos de alter ego o “super yo” del género omni: los dioses o Dios.

¿No existen los fenómenos espirituales, según su postura?

Sí existen, por supuesto. Pero son naturales. Que muchos de ellos no los hayamos logrado inteligir es otro asunto. Apenas comenzamos a explorar la realidad cuántica y las posibilidades de los multiversos. Pero eso está aún muy lejos del diario común de los más de 7 mil millones de seres humanos del Planeta. Además, es necesario hacer una distinción entre nuestra capacidad individual y la colectiva como fuerza de la naturaleza. Una gota de agua no tiene el mismo potencial que el río Amazonas. Es fundamental señalar el carácter clasista, y por lo tanto diferente, del impacto extintor humano.

¿Los países ricos versus los países pobres?

Los que controlan y deciden el uso y destino de la tecnología y tienen en propiedad los medios para producirla alcanzan mucha más participación extintora que los que cuentan básicamente con su fuerza de trabajo, y que producen con ella la tecnología y sus derivados mientras se someten a la dirección de los primeros. Los que consumen una renta onerosa extinguen más que los que subsisten con el mínimo de recursos para seguir vivos. Los que mueren en condiciones llamadas infrahumanas escapan a la condición de extintores, porque ellos mismos han sido extinguidos por el orden “humano” prevaleciente. Su contribución a la extinción masiva del holoceno se reduce a ocupar temporalmente un espacio geográfico en un ecosistema dado que podría haber habitado otro individuo de otra especie no extintora.

¿Definitivamente somos una plaga? ¿Qué hay con la tecnología verde?

Los intereses de las clases sociales poderosas, con alcance global, en la dinámica capitalista vuelven extremo el antropocentrismo, la dependencia tecnológica y los procesos de transnaturalización. Las opciones menos invasivas, como la agricultura orgánica campesina, corresponden a modos de producción y organización social precapitalistas, y sólo se hacen viables a gran escala si se intensifican y se difunden a nivel global, lo que requiere gobiernos globales no capitalistas y sociedades de bioeconomía colectiva no clasista ni burocrática. Más del 50% de la población humana mundial ya es urbana y suburbana. La dependencia energética de los combustibles fósiles es todavía muy alta, las alternativas de energía de biomasa son sólo otra forma de transnaturalización que también incrementan la dependencia tecnológica. La producción de energía por la fuerza del viento y las mareas no deja de ser invasiva a ecosistemas agrestes y marinos, con consecuencias no del todo previsibles. En cuanto al aprovechamiento directo de la fuente básica de la energía, la que nos llega del sol, sigue estando sujeta a la tecnología dependiente de la explotación minera y el uso transnatural de las fuentes de agua para sostener la industria que la fabrica. Además, captar energía solar para convertirla en electricidad nos sitúa en competencia directa con los transformadores primarios de la luz solar en alimento: los organismos fotosintéticos (las plantas y las algas), nuestros mayores proveedores actuales de oxígeno atmosférico y, en el mismo proceso favorable para nuestra vida, los mejores captadores de dióxido de carbono, el gas más famoso del calentamiento global.

¿No hay esperanza? ¿Nuestra propia extinción es el camino?

Reducir al mínimo nuestra dependencia tecnológica, reemplazar los procesos transnaturalizantes por formas menos predadoras de organización social, decrecer en tamaño poblacional al nivel previo a la revolución industrial, disminuir la huella ecológica per cápita, convertirnos del antropocentrismo al biocentrismo; sólo estas acciones y sus consecuencias podrían, probablemente, permitir la supervivencia con cierto grado de civilización de la especie humana después de la extinción masiva del holoceno. Como verá, hace falta una revolución antroposocial sin precedentes, tan solo para que una fracción de la población humana sobreviva intencionalmente a la crisis. Sin embargo, como especie ¿estaríamos dispuestos a renunciar a los ecológicamente costosos tratamientos médicos que salvan vidas humanas?, ¿a racionar el acceso a recursos básicos y escasos como el agua dulce si de la misma fuente dependen mayores poblaciones de otras especies?, ¿desistir de la exploración suboceánica o espacial? ¿del comercio transoceánico y transcontinental? Considero que algunas nuevas aplicaciones tecnológicas ecosostenibles y la adopción de otras antiguas menos predadoras que las industriales, pueden amortiguar o desacelerar la dinámica extintora de la especie, pero no detenerla ni librarnos de su arrastre expansivo. Dejar de ser una especie extintora en el curso de menos de cinco generaciones es una empresa contra natura. Hacerlo después de ese umbral quizás no sea necesario que lo asumamos como proyecto, el Planeta mismo y sus mecanismos de homeostásis (equilibrio dinámico) harán la tarea de reducir nuestra presencia e impacto en la biósfera. Es muy probable que existirán humanos sobrevivientes a esta gran extinción, pero deberán evolucionar para dejar de ser “humanos” en el sentido extintor de la palabra. La Tierra como planeta vivo no nos necesita para salvarse, pero servimos ya para abrir la brecha a nuevas líneas de especiación y biodiversidad futuras, incluida la línea genética que derivará en la siguiente especie extintora.

1http://es.wikipedia.org/wiki/Extinción_masiva_del_Holoceno

Planeta Vida

Fuente de la imagen: http://earthobservatory.nasa.gov/Features/BlueMarble/Images/marble_2002_australia_2048.jpg
  1. 11/08/10
  2. 18/12/11

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